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Las lentes de contacto son una alternativa en la
corrección de los errores refractivos, miopía,
hipermetropía y astigmatismo (solos o asociados), y a
ellas se aplican los mismos principios de refracción
y de óptica que a las lentes de las gafas.
Existen diversos tipos de lentes de
contacto. Según el material de fabricación y
consistencia tenemos duras o rígidas, semi-rígidas o
gas permeable, blandas y de color o cosméticas.
Según la duración tenemos las desechables (diarias,
semanales, quincenales, mensuales o trimestrales) o
las convencionales, que suelen ser anuales o
bianuales. También las podríamos clasificar según
su diámetro que pueden ser esclerales o corneales.
Las lentes esclerales, hechas de
plástico duro, tienen un área óptica central que
cubre la córnea y un área periférica que se apoya
en la esclerótica. El adaptar estas lentes exige
tomar un molde del ojo, además de muchas otras
modificaciones secundarias. Son voluminosas y no
pueden llevarse durante largos periodos, por lo que en
la actualidad se usan raramente.
Las lentes corneales tienen un diámetro
ligeramente inferior al de la córnea y también
están hechas de plástico duro. Permiten el flujo
libre de las lágrimas por la superficie de la córnea
y son bien toleradas.
Las lentes blandas están hechas de
plástico blando, capaz de absorber agua lo mismo que
una esponja, y exceden ligeramente el diámetro
corneal. La ductilidad de las lentes las hace
extremadamente cómodas, pero la visión suele ser
más deficiente que la obtenida con una lente dura.
La presencia de una lente de contacto en
la córnea altera su fisiología normal, pues limita
el aporte de oxígeno. Este inconveniente puede
corregirse parcialmente en las lentes esclerales si
éstas se perforan para permitir una mayor
circulación de las lágrimas alrededor de las mismas.
No aparece hipoxia corneal con las lentes de contacto
con tal de que éstas se adapten y se lleven
correctamente. Como que las lentes blandas contienen
agua, son las más fisiológicas. Las diferentes
lentes blandas se basan en la captación de agua y,
por tanto, en la permeabilidad al oxígeno. Las que
tienen una captación del 85% pueden llevarse
continuamente, pero contando con la supervisión de un
oftalmólogo.
Las indicaciones prácticas para las
lentes de contacto comprenden a los pacientes que
hallan el uso de las gafas incompatible con sus
actividades. Este grupo incluye a las personas que
llevan lentes por razones estéticas.
Es mucho más fácil la manipulación de las lentes
duras que la de las lentes blandas. Se pueden limpiar
sin que se deterioren y su conservación no requiere
cuidados tan meticulosos. La limpieza de las lentes
blandas es una de sus desventajas. Debe llevarse a
cabo mediante pasteurización al calor, proceso
bastante tedioso, o bien empleando agentes químicos,
sistema que conlleva complicaciones, en especial
irritación ocular.
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