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Instituto Oftalmológico Dr. Juan C. Giménez

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URGENCIAS OFTALMOLÓGICAS

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Blefaritis

Orzuelo

Conjuntivitis

Queratitis

Moscas volantes

Derrame subconjuntival

Erosiones corneales


Blefaritis

Es la inflamación más frecuente de los párpados. Afecta, de una forma crónica o aguda, a las pestañas y al borde libre palpebral. En estadios precoces se manifiesta por molestias oculares del tipo de escozor o quemazón, y a veces sensación de cuerpo extraño, más intensas por las mañanas, cuando puede haber dificultad para despegar las pestañas. La aparición de unas concreciones escamosas en el borde palpebral es el signo más característico. Puede asociarse con conjuntivitis (blefaroconjuntivitis) e incluso con alteraciones cornéales.

 

La blefaritis crónica es una afección muy frecuente, a menudo bilateral, que suele asociarse con una infección estafilocócica. A menudo es asintomática, pero puede estar asociada con inflamación conjuntival o queratitis, que se cree asociada a una reacción de hipersensibilidad a antígenos estafilocócicos. El paciente presenta enrojecimiento de los bordes palpebrales, dolor, irritación y quemazón con costras en los párpados por las mañanas. Desde el punto de vista clínico, puede clasificarse en dos grandes grupos, en función de la presencia de afectación fundamentalmente anterior (piel y pestañas) o posterior (glándulas de meibomio).

Blefaritis escamosa

Blefaritis escamosa

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Orzuelo

Es la inflamación aguda abscesificada de algún tipo glandular causada generalmente por el Estafilococo. Son muy frecuentes en la población general, pero más aún en las personas afectadas de blefaritis marginal.

El orzuelo externo es un pequeño absceso producido por una infección estafilocócica aguda del folículo de una pestaña y su glándula de Zeis o Moll. Los orzuelos son frecuentes entre los enfermos con blefaritis estafilocócica.

 

Un orzuelo se presenta como inflamación dolorosa del borde palpebral que protuye a través de la piel hacia la parte anterior. La mayoría de los orzuelos curan espontáneamente o se abren por la parte anterior, cerca de la raíz de las pestañas. Es posible facilitar su desaparición extrayendo la pestaña junto con el folículo infectado, seguido de la aplicación de compresas o de paños calientes. La aplicación de una pomada con antibiótico sobre el borde palpebral puede evitar la extensión de la infección a los folículos adyacentes.

 

El orzuelo interno es un pequeño absceso producido por una infección estafilocócica aguda de las glándulas de Meibomio. Los orzuelos internos se manifiestan por la inflamación de la superficie tarsal y son, habitualmente, más dolorosos que los externos. El trata- miento es el mismo, si bien se requiere con mayor frecuencia la intervención quirúrgica.

Orzuelo

Orzuelo

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Conjuntivitis

La conjuntivitis es una afección bilateral que, normalmente, no es grave. Sin embargo, al existir variedades potencialmente peligrosas (por ejemplo, el tracoma), es aconsejable mostrarse cauto. La afectación de un solo ojo debe despertar de inmediato la sospecha de afecciones muy peligrosas, tales como glaucoma agudo, queratitis aguda e iritis aguda.

 

El diagnóstico de conjuntivitis se basa en los signos y síntomas siguientes:

- Enrojecimiento: la inyección de los vasos conjuntivales superficiales aparece en todo el ojo o en parte del mismo y suele afectar el revestimiento de los párpados. Son identificables las vénulas superficiales, en contraste con el enrojecimiento difuso característico de la irítis.

- Lagrimeo: puede ser purulento, mucopurulento o seroso, según sea el tipo y gravedad de la infección.

- Molestias y fotosensibilidad: una sensación de arenilla con mucho lagrimeo acompaña a la sensación desagradable producida por la luz brillante (fotofobia). La visión no se deteriora, siempre y cuando la película protectora lagrimal no se vea afectada por la secreción.

 

La conjuntivitis bacteriana es la variedad más común de conjuntivitis, debida casi siempre a una infección estafilocócica. Los párpados inflamados, que pican al despertarse, están revestidos por una conjuntiva engrosada y aterciopelada a consecuencia de la formación de papilas. Puede aparecer afectación corneal, con diminutos infiltrados que se observan cerca del limbo. Estos quizá aumenten de tamaño o bien se junten hasta formar una úlcera grisácea. Es muy probable que su origen sean las toxinas producidas por el estafilococo.

Conjuntivitis

Conjuntivitis

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Queratitis

Son incluidas aquellas afecciones inflamatorias del epitelio corneal y estroma subyacente. Son de etiología variada (tóxica, alérgica, infecciosa...). Según su distribución pueden clasificarse en:

- Difusas: afectación generalizada de la superficie epitelial. Pueden ser de causa bacteriana (estafilocócica), vírica o medicamentosa.

- Localizadas: en área interparpebral (queratitis seca y por exposición), en zona inferior (blefaronconjuntivitis y triquiasis) o superiores (queratoconjuntivitis límbica superior, enfermedad vernal).

 

La queratitis bacteriana es la causa más frecuente de infiltrado corneal. En general las infecciones corneales deben considerarse bacterianas hasta que no se demuestra lo contrario.

Las bacterias son capaces de producir queratitis después de una pérdida de la integridad epitelial asociada a diferentes factores (porte de lente de contacto, traumatismo, exposición corneal, ojo seco, enfermedad corneal postherpética) o bien pueden afectar el epitelio corneal intacto (Neisseria gonorrhoeae).

 

El paciente presenta ojo rojo, dolor, fotofobia, disminución de la agudeza visual y secreción. En la exploración encontraremos una opacidad blanquecina (infiltrado) , acompañado de un defecto epitelial que tiñe con fluoresceína. (El diagnóstico se confirma mediante -aspado de la lesión, cultivo y antibiograma. El tratamiento inicial consiste en la instilación frecuente de colirios antibióticos (ciprofloxacino o tobramicina y cefazolina).

Queratitis bacteriana

Queratitis bacteriana

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Moscas volantes

Las moscas volantes o miodesoptias son pequeñas manchas que se mueven con los movimientos oculares visualizándose mejor en ambientes de mucha luz o sobre superficies con colores claros. Las moscas volantes no significan generalmente la existencia de una enfermedad o alteración ocular, siendo en la mayoría de los casos como consecuencia de condensaciones de vítreo o depósitos celulares. Aunque en algunas casos son una consecuencia de patologías oculares como un desgarro o un desprendimiento de retina.

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Derrame subconjuntival

Las hemorragias subconjuntivales suelen aparecer casi siempre de forma espontánea como manchas rojas que se extienden al limbo. Pueden ser consecuencia de un episodio de aumento de presión venosa; por ejemplo, tras la tos o, rara vez, por discrasias sanguíneas, alteraciones de los vasos o traumatismos. En este último caso, si no se define un límite posterior a la hemorragia, la sangre puede derivarse de una fractura de la fosa craneal anterior o media y los pacientes deben ser examinados teniendo esto presente.

 

También se presenta espontáneamente en los ancianos, pero puede ser consecuencia de un traumatismo ocular. La sangre subconjuntival conserva su apariencia roja brillante y no sufre los cambios de color que se observan en un hematoma subcutáneo. La sangre se reabsorbe aproximadamente en dos semanas y no se necesita tratamiento.

Hemorragia subconjuntival

Hemorragia subconjuntival

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Erosiones corneales

Las erosiones corneales y los cuerpos extraños producen dolor y lagrimeo. Por lo común, las abrasiones extensas son obvias; la aplicación de fluoresceína permite ver las lesiones más reducidas.

 

Los cuerpos extraños incrustados en la córnea resultan casi siempre visibles, pero si están en posición subtarsal tal vez pasen inadvertidos, a menos que se extrovierta el párpado. Es fácil eliminar un cuerpo extraño superficial con un palito de algodón o con una aguja estéril, previa instilación de un anestésico local. En ocasiones queda una mancha de herrumbre que, si es pequeña, puede dejarse.

Los cuerpos extraños profundamente incrustados deben ser tratados por un especialista; los intentos de extracción efectuados por una mano inexperta y trémula provocarían, en el mejor de los casos, la aparición de una cicatriz corneal y, en el peor, una perforación de la córnea.

 

Los rasguños en el epitelio corneal se tratan con instilación de pomada antibiótica y oclusión. Un midriático de acción corta, como el ciclopentolato, aliviará el dolor del espasmo pupilar.

 

Las quemaduras químicas requieren un tratamiento urgente con grandes cantidades de agua para diluir el agente. Las quemaduras por ácido producen lesiones menos extensas que las causadas por álcalis; éstas penetran más en el ojo, provocando una intensa iritis y la formación de catarata. Las lesiones que incluyen todo el espesor de la córnea o de la esclerótica constituyen un grave riesgo para el ojo, puesto que el contenido intraocular puede perderse y, además, es fácil que en la herida anide una infección. El ojo debe cubrirse con un parche sin ninguna medicación local, y luego se mandará el paciente a un especialista para que éste lo examine.

Lesión corneal

Lesión corneal

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