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URGENCIAS
OFTALMOLÓGICAS
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Blefaritis
Orzuelo
Conjuntivitis
Queratitis
Moscas
volantes
Derrame
subconjuntival
Erosiones
corneales
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| Blefaritis |
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Es la inflamación más frecuente de los párpados.
Afecta, de una forma crónica o aguda, a las pestañas
y al borde libre palpebral. En estadios precoces se
manifiesta por molestias oculares del tipo de escozor
o quemazón, y a veces sensación de cuerpo extraño,
más intensas por las mañanas, cuando puede haber
dificultad para despegar las pestañas. La aparición
de unas concreciones escamosas en el borde palpebral
es el signo más característico. Puede asociarse con
conjuntivitis (blefaroconjuntivitis) e incluso con
alteraciones cornéales.
La blefaritis crónica es una afección muy frecuente,
a menudo bilateral, que suele asociarse con una
infección estafilocócica. A menudo es asintomática,
pero puede estar asociada con inflamación conjuntival
o queratitis, que se cree asociada a una reacción de
hipersensibilidad a antígenos estafilocócicos. El
paciente presenta enrojecimiento de los bordes
palpebrales, dolor, irritación y quemazón con
costras en los párpados por las mañanas. Desde el
punto de vista clínico, puede clasificarse en dos
grandes grupos, en función de la presencia de
afectación fundamentalmente anterior (piel y pestañas)
o posterior (glándulas de meibomio).
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Blefaritis
escamosa
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| Orzuelo |
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Es la inflamación aguda abscesificada de algún tipo
glandular causada generalmente por el Estafilococo.
Son muy frecuentes en la población general, pero más
aún en las personas afectadas de blefaritis marginal.
El
orzuelo externo es un pequeño absceso producido por
una infección estafilocócica aguda del folículo de
una pestaña y su glándula de Zeis o Moll. Los
orzuelos son frecuentes entre los enfermos con
blefaritis estafilocócica.
Un orzuelo se presenta como inflamación dolorosa del
borde palpebral que protuye a través de la piel hacia
la parte anterior. La mayoría de los orzuelos curan
espontáneamente o se abren por la parte anterior,
cerca de la raíz de las pestañas. Es posible
facilitar su desaparición extrayendo la pestaña
junto con el folículo infectado, seguido de la
aplicación de compresas o de paños calientes. La
aplicación de una pomada con antibiótico sobre el
borde palpebral puede evitar la extensión de la
infección a los folículos adyacentes.
El orzuelo interno es un pequeño absceso producido
por una infección estafilocócica aguda de las glándulas
de Meibomio. Los orzuelos internos se manifiestan por
la inflamación de la superficie tarsal y son,
habitualmente, más dolorosos que los externos. El
trata- miento es el mismo, si bien se requiere con
mayor frecuencia la intervención quirúrgica.
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Orzuelo
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| Conjuntivitis |
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La conjuntivitis es una afección bilateral
que, normalmente, no es grave. Sin embargo, al existir
variedades potencialmente peligrosas (por ejemplo, el
tracoma), es aconsejable mostrarse cauto. La afectación
de un solo ojo debe despertar de inmediato la sospecha
de afecciones muy peligrosas, tales como glaucoma
agudo, queratitis aguda e iritis aguda.
El diagnóstico de conjuntivitis se basa en los
signos y síntomas siguientes:
- Enrojecimiento: la
inyección de los vasos conjuntivales superficiales
aparece en todo el ojo o en parte del mismo y suele
afectar el revestimiento de los párpados. Son
identificables las vénulas superficiales, en
contraste con el enrojecimiento difuso característico
de la irítis.
- Lagrimeo: puede ser purulento,
mucopurulento o seroso, según sea el tipo y gravedad
de la infección.
- Molestias y fotosensibilidad: una
sensación de arenilla con mucho lagrimeo acompaña a
la sensación desagradable producida por la luz
brillante (fotofobia). La visión no se deteriora,
siempre y cuando la película protectora lagrimal no
se vea afectada por la secreción.
La conjuntivitis bacteriana es la variedad más
común de conjuntivitis, debida casi siempre a una
infección estafilocócica. Los párpados inflamados,
que pican al despertarse, están revestidos por una
conjuntiva engrosada y aterciopelada a consecuencia de
la formación de papilas. Puede aparecer afectación
corneal, con diminutos infiltrados que se observan
cerca del limbo. Estos quizá aumenten de tamaño o
bien se junten hasta formar una úlcera grisácea. Es
muy probable que su origen sean las toxinas producidas
por el estafilococo.
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Conjuntivitis
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| Queratitis |
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Son
incluidas aquellas afecciones inflamatorias del
epitelio corneal y estroma subyacente. Son de
etiología variada (tóxica, alérgica,
infecciosa...). Según su distribución pueden
clasificarse en:
-
Difusas: afectación generalizada de la superficie
epitelial. Pueden ser de causa bacteriana (estafilocócica),
vírica o medicamentosa.
-
Localizadas: en área interparpebral (queratitis seca
y por exposición), en zona inferior (blefaronconjuntivitis
y triquiasis) o superiores (queratoconjuntivitis
límbica superior, enfermedad vernal).
La
queratitis bacteriana es la causa más frecuente de
infiltrado corneal. En general las infecciones
corneales deben considerarse bacterianas hasta que no
se demuestra lo contrario.
Las
bacterias son capaces de producir queratitis después
de una pérdida de la integridad epitelial asociada a
diferentes factores (porte de lente de contacto,
traumatismo, exposición corneal, ojo seco, enfermedad
corneal postherpética) o bien pueden afectar el
epitelio corneal intacto (Neisseria gonorrhoeae).
El
paciente presenta ojo rojo, dolor, fotofobia,
disminución de la agudeza visual y secreción. En la
exploración encontraremos una opacidad blanquecina
(infiltrado) , acompañado de un defecto epitelial que
tiñe con fluoresceína. (El diagnóstico se confirma
mediante -aspado de la lesión, cultivo y antibiograma.
El tratamiento inicial
consiste en la instilación frecuente de colirios
antibióticos (ciprofloxacino o tobramicina y
cefazolina).
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Queratitis
bacteriana
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| Moscas
volantes |
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Las
moscas volantes o miodesoptias son pequeñas manchas
que se mueven con los movimientos oculares
visualizándose mejor en ambientes de mucha luz o
sobre superficies con colores claros. Las moscas
volantes no significan generalmente la existencia de
una enfermedad o alteración ocular, siendo en la
mayoría de los casos como consecuencia de
condensaciones de vítreo o depósitos celulares.
Aunque en algunas casos son una consecuencia de
patologías oculares como un desgarro o un
desprendimiento de retina.
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| Derrame
subconjuntival |
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Las hemorragias subconjuntivales suelen aparecer casi
siempre de forma espontánea como manchas rojas que se
extienden al limbo. Pueden ser consecuencia de un
episodio de aumento de presión venosa; por ejemplo,
tras la tos o, rara vez, por discrasias sanguíneas,
alteraciones de los vasos o traumatismos. En este último
caso, si no se define un límite posterior a la
hemorragia, la sangre puede derivarse de una fractura
de la fosa craneal anterior o media y los pacientes
deben ser examinados teniendo esto presente.
También se presenta espontáneamente en los ancianos,
pero puede ser consecuencia de un traumatismo ocular.
La sangre subconjuntival conserva su apariencia roja
brillante y no sufre los cambios de color que se
observan en un hematoma subcutáneo. La sangre se
reabsorbe aproximadamente en dos semanas y no se
necesita tratamiento.
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Hemorragia
subconjuntival
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| Erosiones
corneales |
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Las erosiones corneales y los cuerpos extraños
producen dolor y lagrimeo. Por lo común, las
abrasiones extensas son obvias; la aplicación de
fluoresceína permite ver las lesiones más reducidas.
Los cuerpos extraños incrustados en la córnea
resultan casi siempre visibles, pero si están en
posición subtarsal tal vez pasen inadvertidos, a
menos que se extrovierta el párpado. Es fácil
eliminar un cuerpo extraño superficial con un palito
de algodón o con una aguja estéril, previa instilación
de un anestésico local. En ocasiones queda una mancha
de herrumbre que, si es pequeña, puede dejarse.
Los
cuerpos extraños profundamente incrustados deben ser
tratados por un especialista; los intentos de extracción
efectuados por una mano inexperta y trémula provocarían,
en el mejor de los casos, la aparición de una
cicatriz corneal y, en el peor, una perforación de la
córnea.
Los rasguños en el epitelio corneal se tratan con
instilación de pomada antibiótica y oclusión. Un
midriático de acción corta, como el ciclopentolato,
aliviará el dolor del espasmo pupilar.
Las quemaduras químicas requieren un tratamiento
urgente con grandes cantidades de agua para diluir el
agente. Las quemaduras por ácido producen lesiones
menos extensas que las causadas por álcalis; éstas
penetran más en el ojo, provocando una intensa iritis
y la formación de catarata. Las lesiones que incluyen
todo el espesor de la córnea o de la esclerótica
constituyen un grave riesgo para el ojo, puesto que el
contenido intraocular puede perderse y, además, es fácil
que en la herida anide una infección. El ojo debe
cubrirse con un parche sin ninguna medicación local,
y luego se mandará el paciente a un especialista para
que éste lo examine.
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Lesión
corneal
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